El resurgimiento del fascismo
10:22 AM - 19 / Noviembre / 2009
El debate sobre el tema
del fascismo en América Latina se remonta a los años treinta. La
aparición de movimientos políticos de tipo fascista en diversos países
(Brasil, Argentina, Chile, Bolivia y México), en la época en que el
fascismo se encontraba en plena ascensión en Europa, engendró grandes
debates. Sin embargo, el fascismo como concepto se incorpora a la
historia de América Latina después del nacimiento del APRA de Haya de
la Torre en Perú, y sobre todo con los gobiernos de Getulio Vargas en
Brasil, y Juan Domingo Perón en Argentina.
El fascismo vuelve al orden del día en los años sesenta-setenta con los
golpes de Estado en Brasil (1964), Argentina (1962, 1966, 1976),
Uruguay (1973), y Chile (1973). Todos ellos respondieron al agotamiento
de la democracia burguesa, a la necesidad de la profundización del
modelo capitalista y del control de los trabajadores, así como de los
sectores populares en sus justas luchas sociales. Obviamente, el
fascismo no había desaparecido, ni había sido derrotado, y mucho menos
vencido.
En Venezuela, bajo la mascarada del socialismo del siglo XXI, ha
resucitado esta perversión política ante el fracaso de la partidocracia
como forma de gobierno, y la necesidad del proyecto hegemónico por
domesticar a los trabajadores y a los movimientos sociales. A pesar de
su amalgama de contradicciones ideológicas, su asqueante demagogia, su
nauseabundo chauvinismo, su grotesco culto a la personalidad, su
belicismo desenfrenado, y su concepción totalitaria del Estado, ha
logrado oxigenar el bloque en el poder en sus pretensiones hegemónicas.
El proceso de fascistización ha ocurrido a través del desmantelamiento
progresivo del Estado democrático-burgués y su sustitución por un
Estado de carácter fascista, pero con modalidades económicas y
políticas distintas al modelo europeo. Por nuestra condición de país
subdesarrollado nos topamos con un neofascismo dependiente, diferente a
la fase de la acumulación de capitales propia de los países
desarrollados. En lo político, la incorporación de una retórica
socialista, reivindicadora de los excluidos sociales, lo transforma en
un neofascismo atípico.
El socialismo del siglo XXI (socialfascismo) promueve un pensamiento
único, una reorientación del sistema educativo, una intolerancia a la
disidencia, la imposición de leyes arbitrarias, una universalización de
la intimidación y la represión, así como la creación de un Estado
militar, cuyos nuevos paradigmas son "el golpeteo marcial de los
talones, y el ordene mi comandante". A nivel socio-económico, se puede
concebir como un proyecto que fomenta un Estado corporativista, que
impulsa un capitalismo de Estado depredador de las conquistas
laborales, lo cual le asegura al capital transnacional su predominio y
le garantiza su hegemonía sobre las fracciones de la burguesía
nacional. El socialfascismo se ha instalado y pretende perpetuarse para
siempre, ante la complicidad de muchos y la indiferencia de otros. José Rafael López Padrino“Sólo es digno de libertad, quien sabe conquistarla cada día” José Martí
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