07:29 PM - 15 / Septiembre / 2010
Floriannys Figueroa, sobreviviente de la tragedia de Conviasa, llamó la noche del lunes desde el Hospital Uyapar de Puerto Ordaz a José Guevara, uno de los intrépidos sidoristas cuya intervención sin titubeos ayudó a rescatar a 34 pasajeros del vuelo 2350 con ruta Porlamar-Puerto Ordaz, a bordo del ATR 42 que cayó en el patio de la bodega número 10 de la acería. Esta es sólo una de las conmovedoras historias de los siderúrgicos que atendieron a los ocupantes del infausto vuelo.
▪ Juana Hortensia Farfán a dos días de la tragedia se atreve a contar su historia. “Volví a nacer a los 63 años”, explica Juana, quien se pregunta por el destino de uno de los pasajeros que le dio palabras de aliento en esos momentos en los que sólo reinaba el caos.
▪ Douglas Perozo agradece la valentía del piloto Ramiro Cadena, ya que asegura que la maniobra hecha para controlar la aeronave salvó muchas vidas, entre ellas las de su esposa y sus dos hijos.
▪ “En condiciones estables” se encuentran los sobrevivientes del avión de Conviasa que se precipitó a tierra el lunes en la mañana, indicó el presidente del IVSS Carlos Rotondaro, durante su visita al Hospital Uyapar.
▪ La coordinadora general de la Clínica Chilemex, Khyria Rubio, explicó que de las doce personas que ingresaron a la Emergencia de este recinto sólo permanecen siete, todas fuera de peligro.
▪ El vicepresidente de la Clínica Unare, Anis Sallum comunicó que las condiciones de salud de los siete heridos evolucionan de manera favorable.
▪ Aunque no se ha publicado una lista oficial de los heridos y fallecidos, Correo del Caroní, comparando el registro de pasajeros y la declaración de los familiares, elaboró una lista extraoficial de las 51 personas que se encontraban a bordo del ATR 42 de Conviasa.
∙Luz M. Carpio
Foto Wilmer González
“Llegué a la casa, le conté lo que pasó a mi novia y la abracé. Les pedí disculpas a mi mamá y a toda mi familia, fue en ese momento que sentí miedo, pues a lo mejor no los hubiese vuelto a ver, pero igual quería ayudar a la gente”, comentó aún incrédulo Oscar Crespo, uno de los siete sidoristas que iniciaron las labores de rescate en el siniestro aéreo del lunes pasado.
Él mismo, cuyo rostro se magullaba mientras rememoraba las escenas, explicó a detalle su conmoción ante una experiencia que jamás pensó vivir.
Crespo actuó por impulso y se vio en medio de la necesidad imperiosa de ayudar a los demás y el instinto por preservar su propia vida.
Él y cinco de sus compañeros estaban en las oficinas de despacho de la bodega número 10 de Sidor; el séptimo héroe trabajaba afuera y vio cómo el avión caía del cielo.
“Los reguladores de voltaje echaron un chispazo. Seguidamente sentimos un temblor, acompañado de un fuerte ruido. Ahí salimos y estaba el avión”, narró Crespo.
El joven, de 23 años de edad, se armó con su casco y orejeras para correr al rescate. Sus amigos le pedían que no se acercara, pues el avión podía explotar.
“Dios me dio fortaleza”
“Mis ganas de ayudar fueron más fuertes, no les hice caso”, señaló. Alexander Díaz, el sidorista de 38 años de edad que estaba fuera de la bodega, temió por la vida de Oscar, pero entendió que muchas personas lo necesitaban.
“Vi cómo el avión venía planeando, incluso giró antes de caer. Dios me dio el valor y la fortaleza necesaria para socorrer a las víctimas”, acotó el trabajador conteniendo el llanto.
Sus compañeros continuaron relatando que sobre unos tambores llenos de pellas Crespo avistó a un menorcito de dos años que estaba boca abajo.
Lo alzó en sus brazos y se lo entregó a sus compañeras, quienes en la bodega aguardaban para prestarles la ayuda necesaria a las víctimas.
El infante presentaba quemaduras, su ropita estaba desgarrada y con bastante dificultad respiraba. “Creí que podía salvarse, pero poco después me enteré que el niño murió”, lamentó Crespo.
Al mismo tiempo, Díaz observaba la cantidad de heridos y atónito quedó al mirar a un niño de al menos 11 años, que salió del avión caminando y le decía “estoy bien”.
Junto a Oscar y un tercer héroe de 37 años, llamado José Guevara, subieron por las alas del ATR, para seguir con las labores de salvamento.
Valiéndose de un tubo lograron abrir la puerta y dentro del avión, la imagen más fuerte quedó grabada en sus memorias.
Víctima agradecida
Asientos, escombros, heridos y cadáveres estaban dispersos por el lugar. Los sidoristas se deshicieron de sus orejeras para escuchar el llamado desesperado de los agraviados.
Entre ellos, Floriannys Figueroa, una joven de 16 años con aporreos generalizados que pedía desesperadamente hablar con su familia.
En ese momento los distintos cuerpos de seguridad ya habían arribado al lugar del siniestro. Guevara le prestó su celular a la niña, con intención de que ésta se comunicara con su mamá.
“La dejé segura hablando por teléfono. Cuando volví, ya los bomberos la habían trasladado al hospital. Floriannys se llevó el móvil y en la noche llamó a mi casa, para decirme que estaba bien; hospitalizada en el tercer piso del Uyapar, que no me preocupara, ella cuidaría el teléfono y pronto me lo haría llegar, también me dio las gracias”, con voz entrecortada describió Guevara.
Aseguró que no le preocupa el destino del aparato; por el contrario, saber que ayudó a una muchacha a sobrevivir y que está estable, le llena de satisfacción.
Marlloris Millán, de 25 años, era una de las encargadas de atender en la bodega a los sobrevivientes. “Les daba agua, los sentaba y trataba de calmarlos, a pesar que estaba hecha un manojo de nervios. Los niños asustados llamaban a sus padres. Se me partió el corazón cuando una nena me pidió que por favor la abrazara”, recordó.
Héroes por siempre
La única aeromoza sobreviviente, Daniela Penique, fue sacada en brazos por Guevara y recibida en la bodega por Dailirys Rodríguez, de 44 años de edad. “Tenía el pantalón roto, me pedía que la revisara y fue cuando vi sus piernas quemadas, aún así agradecí a Dios por permitirle vivir”.
“Otro niño de aproximadamente 15 años, salió caminando y en shock vociferaba saber que el avión caería. Cuando volvió en sí, me pidió que lo acostara y le diera mucha agua; su hermano sobrevivió, no sabemos qué pasó con sus padres”, señaló Rodríguez, quien sufre de los nervios, pero en ese momento sólo sintió la sed de ayudar.
Una heroína más fue Dariannys Valdez, de 23 años, quien al término de su actuación sufrió una crisis nerviosa. Relató que un señor estuvo a su cargo. “Me dijo que estaba dormido y despertó tras la caída. Preguntó dónde estaba, le respondí que en Sidor; ahí supo que no era un sueño, frase que se repetía a sí mismo una y otra vez”.
Los siete héroes de Sidor quedarán por siempre en la memoria de los sobrevivientes. De no ser por su ayuda, habrían sido más las víctimas, y es algo que les agradecerán eternamente estas personas que escaparon a la muerte y sus familiares, pues por tal actuación, sus seres queridos volvieron a nacer.
“Nunca desmayamos”
Eddalys Rocca, jefa de sector en el almacén 10, también participó en las labores de salvamento atendiendo a las víctimas. Integran el grupo de los héroes sidoristas: Oscar Crespo, almacenista; Alexander Díaz, obrero; José Guevara, supervisor; Marlloris Millán, almacenista; Dailirys Rodríguez, obrera; Dariannys Valdez, auxiliar almacenista.
Rocca exaltó la labor de su equipo, apuntando que nunca desmayaron y la coordinación fue fundamental.
Dijo que su personal, una vez culminado el rescate, fue atendido en el Departamento de Salud Ocupacional. Los siete héroes revelaron que no pegaron un ojo en toda la noche, pues no hacían más que recordar su loable labor.