08:42 PM - 18 / Junio / 2012
Capriles Radonski, en un lenguaje sencillo, casi
coloquial, entre los tantos mensajes de reconciliación, de paz, expuso uno que
es certero, que debe llegar a lo más profundo de todo venezolano y venezolana.
Con voz emocionada pregonó: “Venezuela es una.” El contraste con quien aspira a
perpetuarse en el poder es evidente. Capriles insiste en la inclusión, en la
reconciliación de todos los venezolanos y venezolanas. El autócrata, bajo el
lema de divides y reinarás insiste en sus políticas descalificadoras de más de
la mitad de la población que lleva en el corazón a una sola Venezuela.
Nuestra Patria no es la única que se encuentra
polarizada. Muchos países lucen dividos en dos bloques, pero tienen reglas
claras del juego político y siempre piensan en su país, como es el caso de
España, Chile y Francia, para citar sólo unos pocos. Siempre el interés
nacional se encuentra por encima de los intereses partidistas o de facción.
Como el autócrata es “pana” de Fidel y Raúl, podría preguntarles porqué hace
años desistieron de usar el calificativo de “gusano” contra los emigrados
cubanos que ya habían formado familia en otros países, pero que seguían siendo
cubanos.
Uno de los más graves errores, entre tantos, es la
manera como el autócrata descalifica a la mayoría de los venezolanos, a quienes
llama pitiyanquis, burgueses, etc. Hasta Fidel le observó que cuatro millones
de votos no podían ser todos burgueses. Y ante esa observación, de quien considera
su jefe y maestro, el propio autócrata giró instrucciones de que había que
impedir se reagruparan y disminuir esa candidad. Ahora son mas de cinco
millones y en las elecciones parlamentarias llegaron al 52 por ciento. Hoy se
palpa que el sentimiento de cambio es mayoría y que Capriles encarna dicho
sentimiento. Y ello lo enfurece, lo saca de sus casillas y le hace elevar el
tono grosero, agresivo, descalificador contra sus adversarios.
Del lado de Capriles crece la responsabilidad de
ganar, de avanzar, de ejecutar la voluntad soberana de cambios. Y lo que es más
importante, la afirmación contínua de que gobernará para todos los venezolanos
y no para una secta, para una parcialidad. Que se trata, como decía Mandela en
medio de una lucha racial que dividía a Sur África, que había que dar ejemplo
de unificación, porque quería construir un país. Y así está después de su
mandato, de su carrera política.
Un país como nuestra Patria, Venezuela, no está en
condiciones de avanzar si continua dividida y la mayoría de sus ciuidadanos
descalificados, si se resta esa fuerza para elevar la construción de la Patria
Grande con que soñó Bolivar.